Idas y vueltas, flujos y reflujos. El continente, como un frente en la disputa mundial, está en constante movimiento. Tanto, que la derrota sufrida por el partido del gobierno nacional de Venezuela a fines de 2015, se reviertió y el domingo pasado el oficialismo ganó 18 de las 23 gobernaciones.
Automáticamente, el criterio de la legitimidad y legalidad se pone en discusión. Vale el sistema democrático cuando gana la oposición y "hay fraude" cuando gana el partido gobernante.
Los capitales financieros transnacionales tienen esperanzas del gobierno electo por la sociedad en Argentina, pero no las mismas con el gobierno nacional de Dilma Rousseff -también elegido democráticamente- que luego sufrió el golpe parlamental.
¿Cuál es la vara con la que se mide una cosa y otra?. Al olmo, está claro, no puede pedírsele peras.
Por eso, el capital transnacionalizado, ha superado tanto la dimensión de los propios Estados Nación, que se mueve como quiere y mide en función de su vara cuando quiere. Justamente esa capacidad de dominación es una forma de gobernanza, donde parece que todos están dentro de algo que pocos se reparten.
Y adentro de su lógica, las fracciones se enfrentan para poder orientar el caos que esta situación genera.
Hay algo detrás de las urnas. Es el poder. El económico y el político, el financiero y el social.
El control de la situación y del momento. Eso es lo que hay que replantearse no solo para no sorprenderse ante los eventos, sino para construir, como sociedad y pueblos, la situación futura y necesaria.