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ás allá de lo que los medios progresistas señalan como una avanzada de gobiernos “de derecha” en Sudamérica, lo cierto es que la guerra imperialista global moviliza a todas las fracciones y alianzas de clases a tomar posición.
Sea en materia económica, política o militar, todos los pelotones del capital se encuentran embarcados en los distintos ámbitos de lucha. Las viejas alianzas deben reforzarse para atacar o sucumbir.
La única constante que también queda al descubierto es el ajuste globalmente consensuado contra los ingresos de los trabajadores. En Argentina, se manifestaron todos los gremios y organizaciones de trabajadores para rechazar el proyecto de Reforma Laboral que impulsa el gobierno Caputo y Milei. Movilizaciones multitudinarias contra la miseria también se produjeron en Perú, Colombia, Paraguay y México, encabezadas por las juventudes de la llamada “Generación Z”. Las mismas se replicaron en Nepal y Malasia. En Europa fueron impactantes los enfrentamientos entre la policía defendiendo la Eurocámara y los productores agropecuarios que viajaron desde todos los países europeos para exigir que no se firme el Tratado de Libre Comercio entre la UE y el Mercosur. También la reforma laboral fue rotundamente rechazada en Portugal con la Confederación General de Trabajadores a la cabeza.
Se digan de derecha o de izquierda, las distintas expresiones de las clases dominantes pelean entre sí para sacar ventaja pero juntas nos atacan al conjunto de los asalariados. La novedad es que el movimiento de ataque a las condiciones de vida es idéntico en cada territorio: salud, educación, vivienda y jubilaciones, son las variables de ajuste de un sistema social que ya no garantiza las mínimas condiciones de supervivencia.
La guerra imperialista sigue avanzando sobre nuestras vidas y las de las futuras generaciones, mientras no logremos una iniciativa que cambie el rumbo en favor de los de abajo.