E
l negocio de las ‘criptomonedas’ ya no es lo que era, ni para quienes las usan, ni para quienes las ‘producen’.
Y es que la relativa desvalorización de las principales monedas digitales descentralizadas (criptomonedas o ‘criptos’) llevó a que sus poseedores opten, en los últimos meses, por otro tipo de activos para atesorar e intercambiar.
Sólo en 2026, Bitcoin (BTC) perdió un 24,5% de su valor y Ethereum (ETH) un 33,2%, por citar a las dos criptos principales que representan cerca el 75% del mercado global. En las últimas semanas hubo un repunte, pero habían descendido un 30% y 40%, respectivamente.

También acusaron el golpe las denominadas ‘criptomineras’, empresas tecnológicas que realizaron monumentales inversiones destinadas a ‘producir’ estas monedas y hoy viran hacia un mercado más rentable: el de la Inteligencia Artificial.
El negocio de la minería
Tal como lo describimos en esta nota, la ‘minería’ de criptomonedas es un proceso digital, en el cual computadoras de todo el mundo resuelven al mismo tiempo complejos problemas matemáticos que permiten validar las transacciones de esta moneda, por ejemplo el Bitcoin.
Este trabajo digital tiene una recompensa diaria, que se distribuye en función de quienes participaron del ‘minado’. Para tener una idea, diariamente solo Bitcoin reparte más de 33 millones de dólares. Es decir: quién más procesadores enchufe para minar criptomonedas obtiene un rédito mayor en comparación al resto.
El boom de la criptominería se produjo en los años pospandemia: empresas vinculadas a biotecnología, software o energía volcaron grandes inversiones en instalar ‘granjas’ de minado en distintas partes del mundo. Grandes almacenes con miles de computadoras funcionando sin parar para obtener una fracción del botín repartido.
No es una técnica barata, ya que hacer funcionar tantas máquinas en simultáneo implica un gigantesco gasto de energía, pero además es preciso contar con un sistema de refrigeración (natural o artificial) para evitar el sobrecalentamiento de las computadoras. Es por esto que la geolocalización importa y mucho: la mayoría de las instalaciones se realizan en regiones frías (como Canadá, o nuestra Patagonia) o en países donde el costo de la energía es relativamente bajo.
Energía barata para el negocio financiero de las criptomonedas
Río Cuarto fue parte: en 2022, la empresa canadiense Bitfarms se asoció con la Central Térmica “Modesto Maranzana” (operada por Generación Mediterránea, propiedad del Grupo Albanesi) para construir “la granja de minado más grande del país”. El contrato de ocho años implicaba la provisión de energía eléctrica con una potencia de hasta 210 MW (megavatios) y a un precio un 30% menor del que Maranzana le cobra a CAMMESA (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico Sociedad Anónima).
Pero en 2025 pasaron cosas y Bitfarms se fue de la ciudad.
Reconversión digital
Al boom de las criptomonedas le siguió en el tiempo el boom de la Inteligencia Artificial (IA). Sólo para el año 2026 se prevé una inversión en el sector de un billón de dólares, de la mano de los ‘siete magníficos’ (Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta, Nvidia y Tesla) y start-ups como Open AI (desarrollador de Chat GPT) o Anthropic. La inversión duplica a la de 2025, que ya fue un 50% mayor al 2024.
Y en muchos casos, las instalaciones para un negocio pueden reconvertirse para el otro: las infraestructuras y las tecnologías ya utilizadas para minar criptomonedas ahora pueden ser ser reutilizadas para entrenar y operar modelos de inteligencia artificial, permitiendo a las grandes tecnológicas expandirse con rapidez y a un menor coste.

Por citar ejemplos, la tecnológica estadounidense Cipher Mining, originariamente dedicada a la minería de bitcoin, acordó con Amazon el alquiler de sus instalaciones a centros de datos destinados a sus proyectos de inteligencia artificial. Otra minera, Hut 8, también firmó con Google y Anthropic; Core Scientific vendió su negocio a Nvidia por 9 mil millones de dólares; Iris Energy firmó un acuerdo multimillonario con Microsoft y Tera Wulf con Google.
Otras empresas del rubro, como MARA Holdings o Riot Platforms también se han volcado a la IA, abandonando sus posiciones en criptomonedas y obteniendo mejores resultados bursátiles. El beneficio parece ser evidente: ya no dependen de la fluctuación del valor cripto en el mercado y se garantizan contratos estables por algunos años.
Bitfarms no se quedó atrás. Hace apenas unos meses, la multinacional informó que para 2027 reorientará completamente su negocio, pasando de las criptomonedas a los servicios de centros de datos de IA, anunció el traslado de su sede legal de Canadá a EEUU y el cambio de nombre a ‘Keel infraestructure’. En la movida, vendió sus dos centrales de Paraguay (en Villarrica e Iguazú) y disolvió su negocio en Río Cuarto, su única sede en Argentina.
La partida de Bitfarms
A mediados del año pasado, Generación Mediterránea (GMSA), miembro del ‘Grupo Albanesi’ y propietaria de la Central Térmica ‘Modesto Maranzana’ de nuestra ciudad, anunció la cesación de pago a sus acreedores, con una deuda superior a los 1.000 millones de dólares.
En medio de esa reestructuración crediticia, GMSA le cortó la luz a la criptogranja. En su informe trimestral a la SEC (Comisión de Valores de EEUU), Bitfarms anunció: “el 12 de mayo de 2025, GMSA informó a la Compañía que, con efecto inmediato, suspendería el suministro de electricidad a la planta de la Compañía en Río Cuarto, Argentina, hasta nuevo aviso. En esta etapa, existe incertidumbre sobre la posible reanudación del suministro eléctrico y su fecha. Este evento ha obligado a suspender las actividades de minería de criptomonedas de la Compañía en Argentina y, de no resolverse, podría afectar significativamente las operaciones en ese país”.
Y cumplieron: acusando una “una prolongada interrupción del suministro eléctrico que comprometió la viabilidad operativa”, la multinacional sencillamente cerró sus operaciones en Rio Cuarto y, con ello, en el país.