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ajo la guerra inter imperialista en curso, los sectores dominantes en Argentina siguen dando muestras de alineamiento a los bloques dominantes de otros territorios. Hasta ahora, la única constante que mantienen es ajustar en todas las ramas y cadenas productivas en las que el Estado argentino mantenía algún tipo de control.
El cacareo con los F-16 es insostenible: aviones del siglo pasado (1976) sin ningún tipo de perspectiva para la defensa nacional. Pero acá está lo interesante: Argentina ha asumido indiscriminadamente como propios a enemigos ajenos. Irán, Rusia, China y Venezuela más el narcotráfico son los blancos a vencer, curiosamente los mismos que persigue Estados Unidos.
La nueva etapa de desguace sobre lo poco que quedaba de industria nacional está en vía de privatizarse para los negocios del sector privado (tanto local como extranjero).
Para colmo, desde la propias dirigencias gremiales continúa el titubeo para organizar y sostener una medida de fuerza contra el hambre y la miseria creciente. La excusa es que “la gente” votó a este gobierno ¿entonces los trabajadores no tenemos otro plan que no sea votar y soportar?.
El “interés nacional” dominante está puesto en menos trabas para más negocios, como lo demuestra el regocijo por la aprobación del acuerdo con la Unión Europea.
La ventana que abre esta guerra en curso, es necesaria pero no suficiente para poner nuestros intereses primero: los trabajadores.
El único proyecto soberano es la lucha, no una insulsa plataforma electoral. glo.