Guatemala, El Salvador, Ecuador y Argentina son los países con los que se cerraron acuerdos de entendimiento para avanzar en la eliminación de aranceles e impuestos recíprocos, pero también a permisos y facilidades para la llegada de productos de origen norteamericano. Principalmente se trata de insumos médicos, farmacéuticos y automotrices, pero también se prevén permisos de patentes y de propiedad intelectual.
Las declaraciones del presidente Trump redundan en un objetivo: abaratar los costos a los consumidores norteamericanos. De fondo, guiando la acción, se encuentra la guerra en curso por un re-reparto territorial entre las fracciones dominantes. En relación a esto, es siempre importante recordar: las fracciones no equivalen al país; como ejemplo valga la profunda interna abierta al interior de los Estados Unidos entre globalistas y nacional-continentalistas (estos últimos hoy acaudillados por Trump).

Tampoco la lucha se libra entre bandos puros. En el caso de Argentina se entrecruzan el interés de la fracción americanista por controlar el continente; la deuda que el Fondo Monetario tiene comprometida con las arcas nacionales; los negocios de la fracción financiera global deslocalizada con los bonos (JP Morgan, BlackRock).
Y esta suma de intereses, a su vez, también tiene puntos de acuerdo totales: desregular el mercado de trabajo (reforma laboral), modificar los esquemas tributarios e impositivos, y evitar un nuevo ciclo de gobiernos que pretendan desendeudarse y desarrollar –por más mínima que sea– un proyecto industrial de escala continental.
Los anuncios y los socios
El presidente guatemalteco, César Bernardo Arévalo, compartió un video celebrando los entendimientos con Estados Unidos: “Guatemala está avanzando en el camino del crecimiento”, sostuvo y remarcó la competitividad y condición atractiva para inversiones que estos acuerdos alcanzados le imprimen al país: “Estamos orgullosos de saber que los esfuerzos están dando frutos y que con toda certeza podemos decir que Guatemala está avanzando en el camino del crecimiento, del desarrollo y del bienestar”, cerró el mensaje de Arévalo, acompañado de la ministra de Economía, Gabriela Díaz.

Estados Unidos es el principal socios comercial de Guatemala, seguido de China. El 30,7% de las exportaciones entre enero y septiembre del corriente año, tuvieron por destino al mercado norteamericano. Por su parte, China exporta al país caribeño hierro, electrodomésticos y productos automotrices (tanto autopartes como vehículos, principalmente motocicletas). Mientras que las exportaciones de Guatemala hacia el gigante asiático se explican por níquel, cobre e industria textil.
“Friends” fue el pie que acompañó la publicación en X del presidente Nayib Bukele, de El Salvador, para dar a conocer el acuerdo preliminar con Washington.

Los productos farmacéuticos y médicos tendrían luz verde para ingresar sin mayores impuestos. El Salvador integra la nómina de los diez países con más compromisos de deuda ante el FMI en el continente americano, si bien con una cifra sensiblemente menor en comparación con el liderazgo que ostenta la Argentina.

En Ecuador los anuncios fueron repudiados en las calles, a lo que se sumó el referéndum para la instalación de bases militares estadounidenses. Esto fue ampliamente rechazado –más del 60% de los votos– el pasado domingo 16 de noviembre, en gran medida, por las ya activas movilizaciones de las centrales indígenas y los trabajadores. Si bien Noboa resultó reelecto y continúa representando un pivote estratégico para el imperialismo de la Casa Blanca, el movimiento social de protesta persiste en sus reclamos por mayores salarios, acceso a la salud y en contra de la inseguridad.
Como en los casos anteriores, EEUU también apunta aquí contra la creciente influencia de China. Por caso, se encuentra el Tratado de Libre Comercio firmado entre Ecuador y Beijing el 1° de mayo del 2024. Este TLC fue resultado del Plan Nacional de Desarrollo 2007-2010 –durante la presidencia de Rafael Correa– que remarcaba la necesidad del país sudamericano de extender y profundizar lazos comerciales con China, Japón e India.
Con Argentina el ‘Marco para un acuerdo’ esboza tres pilares: libre empresa, iniciativa privada y mercados abiertos. Los ítems del mismo incluyen, entre otros puntos: aranceles, eliminación de barreras no arancelarias, normas y evaluación de conformidad (para el ingreso de productos yankis), propiedad intelectual (en favor de EEUU), acceso al mercado agrícola (principalmente de ganado norteamericano), reducción de impuestos a empresas estatales y subsidios, y facilidades para profundizar el comercio digital. Como puede advertirse, se cumple lo dicho por Trump: mejores condiciones para ‘sus’ empresarios y productores.

La AmCham celebró el acuerdo, mayores reservas presentaron desde la Cámara Argentina de Comercio (CAC) y la Cámara de Exportadores (CERA).
A diferencia de los países anteriores, China sí se ha convertido en el principal socio comercial rioplatense. A esto debe sumarse la base científica en Neuquén y el swap vigente desde 2009 –en la primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner–.
Así, la recuperación del control de Argentina es vital para la estrategia impulsada por Trump y su alianza. Además del acuerdo financiero defendido por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, Estados Unidos también busca hacerse con los recursos naturales. El nuevo elemento en cuestión es el uranio. EEUU es el principal consumidor mundial de uranio a razón de sus plantas de energía nuclear. Según datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OEIA) existe un déficit global en la producción de este elemento. El medio Wall Street Journal publicó una nota en la que aseguran que Estados Unidos busca instalar empresas en las provincias argentinas de Rio Negro y Chubut, en donde este mineral abunda.
La Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales (CLATE) publicó un documento en rechazo a lo que caracteriza como un “instrumento de la disputa hegemónica entre Estados Unidos y China”. El texto recupera el rechazo al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) en 2005 y exige un “debate popular y democrático sobre las formas de inserción internacional que queremos”. El documento lleva la firma de decenas de organizaciones sindicales y políticas de toda la región.
“Lanza del Sur”: más despliegue sobe el Caribe
La parte militar de este enfrentamiento en la región sumó una nueva acción: Estados Unidos desplegó el portaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford. Con capacidad para casi cinco mil tripulantes y setenta aviones de combate, el buque militar está equipado con misiles de autodefensa y sistema de armas de corto alcance. Es el mayor despliegue militar del país del Norte en años, que ya suma más de quince mil tropas movilizadas por mar y tierra, entre Puerto Rico, Panamá y una serie de ejercicios conjuntos en Argentina y Paraguay (también enmarcados en la guerra contra el narcotráfico).




