E
l desmantelamiento de las fuerzas nacionales de defensa, mientras se importan aviones de combate u otro armamento proveniente de Estados Unidos, lleva a pensar que las Fuerzas Armadas son centrales para un proyecto soberano.
El endeudamiento con el FMI y otros bonistas, mientras se ajusta cuanta política pública existe, lleva a la conclusión que mientras haya recursos asignados a pagar deuda, difícilmente se pueda desarrollar un país.
Que la política para quedarse con ferrocarriles en manos del Estado la impulsen compañías agro y minera exportadoras, es otro síntoma de que sin logística es imposible el desarrollo de una nación.
Sin salarios dignos que cubran la canasta básica difícilmente podamos reproducir nuestra vida. La lista puede ser larga. Y sector por sector se llegará a la conclusión de lo que nos falta. Pero quizás el único faltante, y acaso origen de todos los problemas de la soberanía, sean fuerzas populares que luchen para revertir esta situación.
Invertir el problema nos saca de cada sector y nos pone en un único lugar: es el pueblo trabajador el único que tiene la necesidad de revertir todo el viento en contra.
Cuando ocurra, toda soberanía podrá ser orientada.
Mientras eso no suceda, seguiremos enumerando problemas que tienen un único origen: las derrotas del pueblo desde hace medio siglo.