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a Pastoral Social es un espacio de la Iglesia que busca reflexionar y actuar sobre las distintas problemáticas sociales que atraviesan a la comunidad. “No trabaja únicamente sobre cuestiones religiosas, sino también sobre temas vinculados a la educación, la pobreza, el trabajo, la salud mental, las adicciones y muchos otros desafíos que afectan la vida cotidiana de las personas”, describió Lautaro Doblas, referente del equipo joven de la Pastoral.
“Somos jóvenes laicos de Río Cuarto que entendemos que también tenemos una responsabilidad social sobre las problemáticas que afectan a nuestra generación”, precisó y enfatizó una de ellas: “creemos que la salud mental no es solamente un desafío sanitario, sino también social y comunitario”.

Partiendo de esa premisa, el grupo desarrolló a lo largo de siete meses más de 300 encuestas, en diferentes sectores de la ciudad, “porque veíamos con preocupación el estado emocional y de salud mental de muchos de nuestros pares” y “entendimos que antes de sacar conclusiones había que escuchar y conocer qué estaba pasando realmente”, comentó Doblas.
Más de la mitad..
Las encuestas se distribuyeron por partes iguales entre Banda Norte, el centro y el Barrio Alberdi, en la misma proporción por edades y contemplando distintas realidades educativas: un 44% de estudiantes secundarios, un 16% con secundario completo y un 40% en terciarios o en la Universidad.
Respecto a la situación laboral, un 26% de los jóvenes encuestados estudian y trabajan, mientras que un 12% sólamente trabaja.

“Uno de los datos que más nos llamó la atención fue que 5 de cada 10 jóvenes dijeron vivir situaciones de estrés o ansiedad de manera frecuente o permanente”, dijo Doblas. Si se suman los jóvenes que «a veces» sienten estrés, ansiedad o preocupación, el indicador trepa casi hasta el 90%.
Además entre casi el 30% de los jóvenes definieron su estado emocional del último mes como ‘malo’ o ‘muy malo’.

“La conclusión más importante no es solamente que existe un malestar emocional, sino tratar de comprender qué hay detrás de ese malestar”, describió el referente. “Nuestro enfoque tiene que ver con algo que plantea mucho el Papa Francisco: la cultura del encuentro. Nosotros creemos que una parte importante de los desafíos que hoy aparecen en la salud mental juvenil tienen relación con una crisis vincular. Vivimos en una época donde estamos muy conectados digitalmente, pero muchas veces más solos en términos humanos”, describió.
Transitando la ‘soledad no deseada’
“Lo primero que vemos como algo positivo es que más de la mitad de los jóvenes sigue encontrando en la familia y en las amistades sus principales redes de apoyo”, dijo Doblas, “sin embargo, hay otro dato que nos llamó mucho la atención. Si sumamos quienes respondieron ‘a nadie’, ‘no sé’ e ‘inteligencia artificial’, encontramos que cerca de 4 de cada 10 jóvenes no identifican una persona física concreta a la cual acudir primero frente a un problema emocional”.

“Ese es uno de los datos más importantes de toda la encuesta porque tiene una relación directa con lo que hoy se conoce como soledad no deseada. Jóvenes que muchas veces están rodeados de personas, tienen redes sociales, compañeros de estudio o de trabajo, pero que aun así no encuentran un vínculo de confianza al cual recurrir cuando atraviesan una situación difícil”, remarcó.
El rol del Estado y las instituciones
Del análisis de las encuestas también se desprenden demandas: “La primera tiene que ver con el acceso a la atención profesional. De hecho, 4 de cada 10 jóvenes nos hablaron de la necesidad de ampliar el acceso gratuito a psicólogos. Ahí el Estado tiene una responsabilidad central, porque la Ley Nacional de Salud Mental reconoce el derecho a una atención integral, gratuita y accesible. Sin embargo, muchas veces los tiempos de espera son largos y para muchas familias el sector privado resulta económicamente inaccesible”, dijo el joven.
”Pero la encuesta también nos dejó una segunda enseñanza muy importante. La salud mental no se resuelve únicamente desde el consultorio. Cuando observamos los datos sobre soledad, redes de apoyo y vínculos, entendemos que existe una dimensión comunitaria que también debe ser fortalecida. Ahí aparece el papel de las instituciones intermedias. Los clubes, las vecinales, las iglesias, los centros culturales, las organizaciones sociales y los espacios juveniles cumplen una función fundamental porque son lugares donde los jóvenes construyen pertenencia, amistades, identidad y proyectos de vida”, planteó el referente.
Y agregó: “los colegios y las universidades tienen un rol central. Los jóvenes pasan gran parte de su vida en esos ámbitos. No solamente son lugares donde se transmiten conocimientos, también son espacios donde se construyen vínculos, se detectan situaciones de malestar y se generan oportunidades de acompañamiento”.